Polemos, la ballena y el oso polar

Información adicional

2 comentarios

  • Enlace al Comentario Florencio Spangenberg Lunes, 08 Mayo 2017 20:51 publicado por Florencio Spangenberg

    Polemos
    La lectura que José Assandri hace del texto “Psicoanálisis no es hermenéutica ¿Es entonces deconstrucción?” de Gibrán Larrauri Olguín, nos advierte ante un afán excesivo por construir una frontera entre el psicoanálisis, la hermenéutica y la deconstrucción. Nos dice que el subir al psicoanálisis a una escena filosófica entrañó luego tener que despejar, y de manera artificiosa, lo reunido caprichosamente y no sin ser a través de conceptos a los que se les endilgó la garantía de amojonar lo que supusieron un terreno exclusivo del psicoanálisis. Señala que este afán confrontó además épocas que incumben contextos diferentes y nos trajo a la superficie el recuerdo de eventos de los que estos mismos autores - filósofos -son protagonistas y que desde una esfera singular participan, no en algo que de manera obvia sería esperable como propio del campo filosófico, sino en lo que involucra a un sujeto implicado por su escritura. Lo que vuelve a abrir hacia el psicoanálisis y producir una suerte de contrabando en la frontera, supuestamente consolidada e infranqueable.
    Sobre este último punto, cobró relieve para mi lectura el hecho de que sobre el final de su texto, relanza el desafío de localizar una frontera, poniendo en valor justamente un escrito de Jacques Derrida, como posibilidad de un psicoanálisis efectivo: “Qué busco con esta confesión a máquina más allá de las instituciones e incluso del psicoanálisis” (pág. 15 del “El oso y la ballena”). La puesta a prueba de esta frontera, para él, lo pregunta, estaría demarcada a partir de que sólo sería patrimonio del psicoanálisis “aislar una escena sobre la escena”, cuestión de la que la filosofía estaría excluida.
    Recogido- como él mismo apunta- del seminario La angustia, esta “escena sobre la escena” deja leer la implicación singular del que escribe en lo que escribe. Esto fue aludido también en el texto de Larrauri Olguín: “la subjetividad del lector en su relación con lo escrito”, pero que por tomar frases como monumentos fuera de toda discusión genealógica, que aparentan por sí mismas relevar un borde que aísla una orilla de otra, vacían y convirtieron su proposición en una falsa confrontación de sitios “extraterritoriales” (“el oso y la ballena”, la metáfora de Assandri) entre sí.
    Esta polémica me ha incitado, específicamente con Derrida, a intentar extraer uno de los meridianos que abriga lo escrito derrideano y que en definitiva va a ofrecer otra “extraterritorialidad”, pero otra que denunciará al territorio mismo, ya que va a revelar otra vía de “implicación”. La frontera no se convierte en objeto de un planteo acerca de una indiscernibilidad entre psicoanálisis y la “deconstrucción”, poniendo en jaque esta vez la inexpugnablilidad que “la escena sobre la escena” posiblemente detentaría, sino que plasmará una franca disyuntiva y disputa entre dos modos de lectura del sujeto, lo que situaría en una legitimidad débil, electiva, o no tan necesaria como “la otra”, a aquello que se tiene por “lectura psicoanalítica”.
    La postura derrideana sostiene una “escritura” que da lugar a toda entidad o hecho mundano, de los cuales habría una reapropiación “subjetiva”. Por ejemplo el acto de la voz o de la escritura, como acto material efímero o permanente, reenvía a suponer un sujeto del mismo, que emite o imagina ideas, nombra, usa instrumentos, lee o no, etc., es decir que da lugar al horizonte fáctico que se habita eventual y provisoriamente en lo cotidiano. Lo que arriba a su materialidad sonora o escrita otorga presencia, delimita o apunta algo, significados, referencias indeterminadas, reenvíos al autor mismo, etc., pero lo que a su vez delimita a la materialidad o a la presencia, su diferencia, no aparecerá entre los fenómenos, entre las cosas, a las que da aparición. La diferencia no aparece como tal. Queda olvidada. Se borra y es ella precisamente, para Derrida, constituyente de los mismos.
    Las nociones de tiempo y espacio también realizarán la torsión que esta concepción les induce. El “ahora”, que siempre es otro, “siempre en fuga”, es imposible que un ahora coexista con otro, por lo que la diferencia entre uno y otro sería extemporánea e inadecuada. El ahora no sería para Derrida en sí temporal sino que “deviene temporal”, pasado o futuro (en Ousia y Grammé, Pág. 44. Marges de la philosophie, 1970. Ed Minuit). Como una frontera extraña, “huella” que se borra, va a adquirir presencia en su reapropiación. Reapropiación entonces de una instancia inapropiable desde el punto de vista temporal.
    Khôra (1987. Ed. Alción. Editado en 1995. Traducido al español por Diego Tatián) por ejemplo, de este término del que hace uso Platón en el Timeo, Derrida dice que es más “situante que situada”, “que se sustrae a toda determinación” a pesar de todas las marcas e impresiones a las que se halla expuesta y recibe. Que haya lugar, es dejar recibir las atribuciones que se le hacen, en donde dichas atribuciones vendrían a tomar sitio. Sitúa otra vez, desde una indeterminación del situar “mismo”, al lugar como su inscripción: “sitio ocupado por alguien, país, lugar habitado, sede designada, rango, puesto, posición asignada, territorio o región. Y de hecho Khôra estará siempre ya ocupada, investida, incluso como lugar general, a la vez que se distingue de todo lo que toma sitio en ella.” (p. 13) Khôra es un receptáculo que da lugar, pero guarda una relación disimétrica con todo lo que “en ella” se inscribe. El espacio, como confirmamos aquí, resulta de la diferencia.
    O en La différance (1972. Marges. Ed Minuit) “La práctica de la lengua o del código suponen un juego de formas, sin substancia determinada e invariable, suponiendo también en la práctica de este juego una retención y una protensión de las diferencias, un espaciamiento y una temporización, un juego de huellas, es necesario que esto sea una suerte de escritura antes de la letra, una archi-escritura sin origen presente.” (pág. 16) Vemos que tampoco lo presente es equivalente a entidad, ni la entidad a presente.
    Lo informe que da forma en la relación, sin tener arraigo espacial o temporal, sin una garantía substancial, afecta al tiempo, al lugar, a la lengua. Un evento borrado como “tal”, una frontera extraña de la que los hechos se deslindan. Esta inaprehensibilidad de “algo” que garantizaría la presencia de los hechos o de las cosas, de que sean tales o que permanezcan como tales, se instaura en la diferencia y por ella. Y habrá indefectiblemente un sujeto, sin que detente éste tampoco una presencia a sí, que se supone a ese redoblamiento, como pura constancia de ese abismo, de esa huella de huella hasta el infinito. Como discurre Geoffrey Bennington cuando desarrolla el análisis acerca de la lengua en Jacques Derrida: “el pasaje a la lengua supone no un sentido previo que los signos no tendrían luego más que expresar, sino una cierta continuidad que uno llama aquí lo mismo (y que no es otra cosa que la différance.) Lo que hace que reenviando a un estímulo o a una presencia a sí del sujeto, se reenvíe no finalmente a una presencia fundamental en relación a la cual uno investigaría confortablemente todas las ambigüedades que uno quiera, sino todavía a una red de huellas. Esta “continuidad” (que no está hecha más que de diferencias y cesuras) prohíbe que se acredite la idea de un abismo entre lenguaje y mundo o experiencia, pero también, por ejemplo, entre espacio de lo legible y espacio de lo visible. Lo que no impide reconocer toda suerte de diferencias entre estos dominios, pero obliga a pensar la huella como su posibilidad común.” (pág. 107. Jacques Derrida. Ed Seuil.1991)
    Desplegada aquí sucintamente esta imposibilidad de obviar y de dar sustancia a la différance en algunos ámbitos que Derrida medita, ámbitos en los que figuran las instancias derrideanas - Khôra, la différance, el signo, la frontera, etc.- todo en definitiva, en lo que alcanzan los eventos su aparición posible, dado esto así desplegado, podríamos atisbar y objetar a la vez, que los fenómenos localizados témporo-espacialmente en virtud de este abismo ontológico, de este modo, desde los fenómenos, nunca entrañarán nada nuevo. Sólo compensarán su permanencia y consistencia, sin saldar pero en pago, a la diferencia para siempre sustraída desde donde emergen y de la que darán apenas su prueba singular. Derrida ¿no postula así una narrativa, que necesariamente debe explayarse, a los fines de contar con el redoblamiento que la diferencia precisa para su constancia? ¿lo que los fenómenos abonan por no emerger en sí y por sí mismos? La repetición, no habrá diferencia sin redoblamiento, será inexorablemente un compensar inaparente esta fundación trascendental de los hechos. Que haya repetición se corresponde a la inestabilidad empírica que implica la manifestación, según lo imposible en la que arraiga. Resulta supuesto – todo redoblamiento lo implicará-, un sujeto, por la inadecuación del fundamento por el cual él y las cosas tienen lugar.
    En el texto de Larrauri Olguín, la cita que hace de A. Badiou, también nos aproxima el tenor de la concepción derrideana sobre el escrito: “Inscribir la imposibilidad de la inscripción de lo inexistente como forma de su inscripción” (pag. 19) Esta imposibilidad de inscripción de lo imposible de inscribir, eso inexistente, nos confirma que lo posible, no por existir realiza la cancelación de lo imposible. Éste sigue rigiendo en su modalidad, permanece “fundante”, exceso infinito pero singular de la disparidad que ocurre entre estas dos modalidades en juego en la presencia.
    Es también la huella que se borra en “Qué busco con esta confesión a máquina…”, lo que busca, aquello que escribe la intimidad de la confesión, ya encuentra que no hay qué que la soporte, tampoco a su escritura y que es justamente lo que lo implica. En Circonfession (en Jacques Derrida) nos dice: “demasiado tarde, tú eres menos, tú, menos que ti mismo, has pasado tu vida en invitar, llamar prometer, en esperar suspirar soñar, en convocar invocar provocar, en constituir engendrar producir, en nombrar asignar ordenar, en prescribir mandar sacrificar, qué, el testigo, tú la contrapartida de mí, con el sólo fin que atestigüe esta verdad secreta es decir privada de verdad, a saber tú no habrás sido jamás ningún testigo, ergo es” (pág. 291)
    La narrativa es acatamiento a la sustracción que la supone. Podríamos intervenir sobre la misma diciendo: No ¡No tan poco! Lo justo como para que “busco” sea “buscar”.
    Sobre “busco” recae también el lema trascendental, se produce en abismo. “Qué busco con esta confesión”, si ningún testigo va consistir por ella, más que el distingo – y otra vez la diferencia y la huella de otra huella- en que se compromete. ¿Y cómo entonces “la confesión”, el buscar del “busco” aparecen como tales sin precisar en algún lugar y tiempo lo propio para producirse? ¿lo propio para producirse aunque más no sea para abrir la impotencia ontológica de su análisis? Para abrir la falta de origen que desde siempre corroe cada evento para que su emergencia esté a merced de su diferencia.
    Acentuando lo propio, diluiríamos así el desdoblamiento entre el “tú” que se conforma como huella de los verbos que han actuado y el “mí” inexistente que interpela y que ninguna confesión terminará por producir. El supuesto trascendental siempre está más temprano.
    Ahora, si tomamos un párrafo de la sesión del 14 de diciembre de 1976 del “Insu q’sait d’l’Un vebue…” que resalta a la diferencia en su relación con lo material: “Todo lo que sostiene la diferencia de lo mismo y lo otro es que lo mismo sea lo mismo materialmente”, tendríamos que la diferencia, que hace aparecer un escrito por su lectura de lo oral, algo suena de otro modo, comienza su oficio a partir de la materialidad (topológica o de lalangue). Cabe recordar que en el mismo párrafo dice: “qué es el otro como tal, es esta materialidad que decía hace sólo un instante, es decir que etiquetaba con el signo que remeda al otro” (Versión del seminario de la Editorial Artefactos en el año 2008) (En este punto esta versión española pierde la homofonía: “si””gn”: signando al otro”, “signe singeant l’autre”, incluso: hace monerías (singe) como si fuera el otro, hace signo del otro. El signo no reenvía tan cómodamente el “que” que “remeda al otro”. Ya está atrofiada su potencia representativa por la destitución homofónica que ocurre en él).
    No hay que descuidar que esta diferencia no deja de estar enredada en la suposición de que hay Otro. De este “otro” se trata en estos párrafos. Supuesto en y por la diferencia que se desprende de la materialidad de lalengua, como también de las posibilidades infinitas que tiene un cuerpo tórico de su inversión – veasé la sesión siguiente, la del 21 de diciembre, donde Lacan dice hay una misma disimetría que concierne al simbólico como al cuerpo- , y que tiene en ello una posibilidad de inscripción.
    El análisis derrideano en cambio no parte de la lengua como trazos que se hacen presentes y se amontonan en el hablar o escribir y que suponen un estado de cosas que así como moldean esa vez, también hacen trizas el horizonte semántico que postulan. Leer “materialmiente”, por ejemplo, estoy parodiando un pasaje de esta misma sesión del seminario de Lacan y obviamente lo hago por fuera de la propuesta derrideana: “Qué (,) (que es lo que) busco (,) con esta confesión…”, como si pudiéramos adivinarle una “intención” de que hay un qué, significante, ya primero, que ya está ahí, sólo basta decir que efectivamente lo ha encontrado y que él ya ha desdeñado lo eficaz en su búsqueda. Planteo esto sólo para señalar que, tal como hemos intentado desarrollarlo, la diferencia en Derrida es anterior a esta fragmentación de tono, incluso éste es su producto (sin que la huella de lo que enuncia o escribe sea su “productora”). Además, alguien no puede dejar de suponerse en y por su escrito, que en primera instancia buscaría qué con la confesión, como si su movimiento estuviera orientado por una supuesta objetividad que arrastraría hacia adelante o atrás, en su futuro o pasado o nunca o para siempre, un cuadro o una figura, o cicatriz o palabra a desentrañar, o en la materialidad que ya se dispone equívoca. Por escribirse, en acto, borra los soportes espacio temporales, lingüísticos, materiales u ontológicos donde supuestamente se parapetaría. Habría presencia de la suposición del sujeto en eso sin qué que lo determina.
    Ciertamente, como lo apunta Assandri, el “segundo tiempo” “se somete a los significantes”, de ahí el sujeto - este 11 de noviembre de 1962 como mojón que hace borde en “El oso y la balllena” al psicoanálisis - que es como “las cosas sólo pueden decirse poniéndose en escena con las leyes del significante.”
    Si el primer tiempo según Derrida fuera, para seguir al “oso y la ballena”, “hay (pero) filosofía”, luego no precisaría de un segundo tiempo – tampoco de un “primero”. Ya, en ocasión de que “hay el mundo”, la Différance estaría intercediendo para que sea ya algo diferenciado esa vez.
    Entonces destaquemos: sin “sometimiento” a los significantes. Leemos en consonancia la objeción a la primacía de la materialidad del significante como la analiza Bennington: “No se lograría jamás identificar el mismo signo a través de sus repeticiones no idénticas (variaciones importantes de acento, de tono, de grafismo, etc.), si hiciera falta hacerlo constar sobre su sola materialidad.” (pág. 34. Jacques Derrida.) “Lo que asegura la mismidad del signo es su diferencia.” “Esta diferencia entre las unidades aparentemente sensibles no puede por definición ser ella misma sensible.” (pág. 35) Consecuentemente, también, el lazo de mismidad que implica el primer tiempo con la segunda escena supone a la différance. La “diferancia” como lo mismo, incluso aún conformando lo mismo material de la repetición significante. La diferancia: una vida, su muerte, la escritura, su obra, su confesión, su lectura, etc.
    Es cierto que la apuesta de Assandri sobre la confesión de Derrida, la diluimos aquí sumergida en la continuidad que tiene la postura filosófica de este autor. No será el sujeto del psicoanálisis el que entrevemos se desprende de esa confesión. No da lugar nuestra exposición a ese contrabando fructífero que ampliaría y cerniría a la vez la frontera. Sino a dos terrenos que ponemos en paralelo: Hay posibilidad de inscripción por la potencia inmanente de lalengua y del cuerpo, según una suposición de que hay Otro, e: “inscribir la imposibilidad de la inscripción de lo inexistente como forma de su inscripción” (A. Badiou concluyendo a Derrida), disputan la manera de la constancia de una siempre suspendida inadecuación, la inscripción de la posibilidad de una imposibilidad.

  • Enlace al Comentario Wendy Lunes, 20 Febrero 2017 22:57 publicado por Wendy

    Si se trata de polemizar, precisamente eso es lo que hacen las corrientes filosóficas y entre autores cada cual tendrá también su punto de vista... definir si el psicoanálisis va contra la arqueología o la genealogía, eso habría que preguntárselo a cada sujeto que se psicoanaliza y entonces no se va contra la arqueología; parece ser que en el psicoanálisis no se habla de la generalidad sino de la particularidad del "sujeto del inconsciente" y eso se nos olvida muy a menudo estemos en el lugar de analizantes o analizados... la falta, el error existe en todos y si el psicoanálisis desaparece o no, parece ser que no depende de unos cuantos respecto de su opinión y es precisamente como en las religiones, justo Nietche planteaba: Dios ha muerto! pero Nietche no ha podido terminar con ninguna religión las cuales se fundamentan en la creencia-existencia de Dios y muchos pueden, están en su derecho, pensar igual que Nietche pero ni el cristianismo, ni el budismo, ni el judaísmo, ni la religión musulmana han desaparecido, entonces no será que es mucho desgaste de aquellos que piensan que el psicoanálisis es obsoleto y tiende a desaparecer? Es como pretender decir que la física cuántica, la ciencia natural o la sociología desaparecerán sólo por que "algunos" tengamos dificultades en entenderlas. Parece que finalmente entre psicoanalistas no estamos "vacunados" de polemizar cada cual tendrá su tendencia filosófica y sus autores o "escuelas" favoritas y estar en acuerdo o desacuerdo con unos y con otros pero finalmente habemos seguidores, discípulos si se quiere o bien interesados en que esto continúe y es como la vida misma aunque haya pulsión de muerte, seguimos en la compulsión de la pulsión de vida nos opongamos o no a ella.

Deja un comentario

Дървени летви - колчета http://www.emsien3.com/letvi от ЕМСИЕН-3
Дървени талпи http://www.emsien3.com/талпи от ЕМСИЕН-3